La Sonrisa de las Letras nace del trabajo diario en el aula y del convencimiento de que todos los niños tienen algo que contar. Aquí comparto propuestas didácticas para enseñar Lengua desde la creatividad, la emoción y la comunicación real. Es un espacio donde los alumnos escriben, leen, crean, imaginan y descubren que sus palabras tienen valor. Porque escribir es una forma de pensar, crear, comprender el mundo... y también de comprenderse a uno mismo. Espero que disfrutéis de este proyecto tanto como nosotros disfrutamos construyéndolo.
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jueves, 4 de junio de 2026

Las cartas que Carlos II nunca se atrevió a escribir

Hace unos días, La Trovadora del Tiempo volvió a visitar nuestra aula. Y, como siempre ocurre cuando ella llega, la historia dejó de ser una colección de fechas y nombres para convertirse en una historia llena de personas, emociones y preguntas.

En esta ocasión nos acercó a la figura de Carlos II. Un rey al que la historia ha recordado por sus enfermedades y por un sobrenombre que durante mucho tiempo pareció definir toda su vida. Sin embargo, cuanto más conocíamos su historia, más difícil resultaba verlo únicamente como un rey. Detrás de la corona descubrimos a un niño que nunca eligió gobernar, que convivió con numerosos problemas de salud y que tuvo que soportar responsabilidades y expectativas desde muy pequeño.

Por eso propuse a mis chatis un reto muy especial: escribir una carta secreta como si fueran Carlos II. Pero había una condición. Todas debían comenzar exactamente igual: "No, yo no quiero ser rey."

Para escribir esa renuncia tuvieron que ponerse en su lugar, imaginar cómo podía sentirse alguien que había pasado toda su vida enfermo, observado y juzgado por los demás. Tuvieron que pensar qué echaría de menos, qué soñaría y qué vida habría elegido si hubiera podido decidir por sí mismo.

Las cartas se llenaron de soledad, cansancio, incomprensión y deseos sencillos como la amistad, la libertad o la necesidad de sentirse escuchado. Porque, durante un rato, dejaron de escribir sobre Carlos II para intentar comprender a Carlos.

Y quizá ahí estuvo el verdadero aprendizaje. Porque no escribieron sobre Carlos II. Escucharon a Carlos.















Cartas de una reina que la historia no supo escuchar

Hoy recupero una experiencia que vivimos el pasado mes de marzo y que merece tener un lugar en La sonrisa de las letras.

La Trovadora de la Historia nos visitó y el aula volvió a llenarse de ese silencio tan especial que solo aparece cuando una historia ha sido realmente escuchada. Porque cuando ella llega, no venimos a estudiar el pasado… venimos a sentirlo.

La Trovadora de la Historia nos acercó a la vida de Juana I de Castilla. Una reina marcada por uno de los sobrenombres más crueles que se le puede dar a una persona. Una mujer que sufrió. Una historia que, quizá, no siempre ha sido contada con justicia.

No buscaba respuestas exactas. Buscaba algo mucho más importante: empatizar. Intentar comprender sin juzgar. Entender que no podemos mirar el pasado con los ojos del presente, pero sí podemos acercarnos a él desde la emoción para darle sentido.

Y entonces ocurrió. En clase apareció una máquina del tiempo.

Y con ella, una misión muy clara: escribir la única carta que Juana pudo esconder en su cautiverio, aquella que nadie consiguió arrebatarle.

Mis chatis se metieron en su piel. Escribieron quién era, por qué decían —y quién decía— que estaba loca, cómo la hicieron sentir. Y, sobre todo, contaron su verdad, con la esperanza de que, en algún momento del futuro, alguien la leyera y le devolviera el lugar que merece en la historia.

Las palabras empezaron a brotar despacio, pero con fuerza. Desde el corazón, desde la empatía, desde un respeto profundo. Y no viajaron solas. También enviaron a Rigoberto, una de nuestras mascotas de clase, para acompañar a su hija Catalina con un mensaje lleno de cariño.

Lo que surgió de esta experiencia es difícil de explicar: cartas llenas de emoción, sensibilidad, imaginación… pero también de justicia. Porque, por un momento, dejaron de escribir como alumnos y empezaron a hacerlo como la voz de alguien que necesitaba ser escuchada.

Y ahí está la magia. No solo practicaron la escritura. Aprendieron a mirar, a sentir, a ponerse en el lugar del otro.






Y ahí parecía terminar la historia. Pero no fue así. Dos días después llegó a clase una noticia que nos dejó completamente en silencio.

En un parque de Tordesillas, justo en el lugar donde hace siglos se levantaba el castillo en el que Juana pasó 46 años encerrada, había aparecido un cofre oculto. Un cofre sellado, olvidado durante siglos, que parecía haber estado esperando a ser encontrado.

En su interior había varias cartas. Cartas en las que una reina negaba su locura, explicaba su verdad y dejaba por escrito aquello que durante tanto tiempo no pudo decir. Y entonces ocurrió algo difícil de explicar. Poco a poco empezaron a entenderlo. Aquel cofre no era cualquiera. Era nuestra máquina del tiempo.

Aquella que días antes habíamos activado en clase para enviar al pasado las cartas que mis chatis habían escrito con todo el respeto y la emoción del mundo.

De alguna manera, habían vuelto. Habían pasado más de quinientos años, pero allí estaban sus palabras. Su voz. Su historia. Esperando a ser leída.

Más allá de la escritura, lo que vivimos aquellos días fue una auténtica lección de empatía. Una oportunidad para aprender a mirar sin juzgar y para descubrir el valor que tienen las palabras cuando nacen desde el respeto.

No cambiamos el pasado. Pero hicimos algo igual de importante. Escuchamos. Y cuando una voz que ha permanecido silenciada durante tanto tiempo vuelve a escucharse, algo dentro cambia.

Por eso me gusta recordar experiencias como esta. Porque la historia no son solo fechas, nombres o acontecimientos. Son personas. Personas que sintieron, sufrieron, soñaron y tomaron decisiones.

No sé si aquellas cartas llegaron realmente a Juana. Pero sí sé que su historia llegó a mis alumnos.

Y cuando los niños sienten la historia… ya nunca la olvidan.



domingo, 27 de octubre de 2024

Carta de Don Juan Tenorio a Doña Inés: un viaje por la obra de Zorrilla

Esta semana hemos viajado al siglo XIX para conocer una obra clásica de la literatura española: Don Juan Tenorio de José Zorrilla. A lo largo de varias sesiones, mis niños y niñas nos hemos sumergido en esta pieza teatral tan rica en emociones y conflictos humanos. Nos encontramos con el desafío de entender las motivaciones y sentimientos de Don Juan, Doña Inés y Don Gonzalo y juntos reflexionamos sobre temas como el perdón, el arrepentimiento y las segundas oportunidades. 

Primero, exploramos el contexto de la obra y dialogamos sobre qué llevó a Don Gonzalo a no darle a Don Juan una oportunidad para redimirse. Luego leímos en voz alta algunos fragmentos de la obra y los relacionamos con emociones tan profundas como el amor, el miedo, la inquietud, la prepotencia, el perdón y la súplica. 

Mis niños y niñas se pusieron en la piel de Don Juan y escribieron una carta dirigida a Doña Inés. En ella, Don Juan le pedía perdón y le explicaba las razones de su huida tras el duelo fatal con Don Gonzalo. A través de sus palabras, se puede ver cómo mis alumnos conectaron con la obra y los personajes.

Cada carta es una mirada especial al personaje de Don Juan llena de frescura y creatividad. Mis niñas y niños me han demostrado con su implicación y su esfuerzo que los clásicos no envejecen, siempre encuentran una manera de conectar con nosotros.

Como broche final al proyecto sobre Don Juan Tenorio, mis alumnos han interpretado en el aula fragmentos de esta icónica obra, ¡y ha sido una experiencia inolvidable! Cada uno, con sombreros y una sábana a modo de túnica, se ha puesto en la piel de Don Juan, Doña Inés o Don Gonzalo, leyendo en voz alta y con emoción.

Una actividad ideal para trabajar la oralidad: mis chatis han practicado la expresión, han proyectado sus voces y han dado vida a estos célebres personajes de manera breve. Muchos incluso quisieron interpretar varios papeles. Qué orgullosa me hicieron sentir al ver cómo se entregaban a esta experiencia que les ha acercado a nuestra literatura clásica

Aquí os dejo las cartas para que podáis disfrutar con su lectura.
























domingo, 5 de marzo de 2023

Celebramos San Valentín con el cuadro de Vermeer "La carta"

Aprovechando que este año se celebra en el Rijksmuseum de Ámsterdam una retrospectiva de la obra de Johannes Vermeer, he propuesto a mis niñas y niños celebrar San Valentín partiendo del cuadro del pintor flamenco "La carta" (1669-1670). 

En este pintura, vemos a una criada y a su señora compartiendo confidencias sobre una carta de amor. 

Partiendo de un análisis guiado de la obra, fui acercando a mis alumnos y alumnas al significado del cuadro para luego plantearles una serie de preguntas como ¿Quién es el remitente de la carta? ¿Qué le dirá a su amada? ¿Será correspondido el mensaje? ¿Es la primera carta que recibe la joven?...

Muchísimos interrogantes que mi alumnado resolvió gracias a su maravillosa imaginación. Rápidamente se metieron en el papel del enamorado y sacaron su vena más poética. 
Aquí os dejo algunas de las cartas que escribieron, con el nombre que dieron a los tres protagonistas, la criada, la señora y el enamorado.

















jueves, 14 de abril de 2022

Isabel de Solís (Zoraida) escribe a su padre

Hace unas semanas me convertí en un personaje que mis niñas y niños conocen bien, me transformé en La Trovadora del Tiempo, una trovadora que explica de una forma peculiar, la vida de personajes históricos no muy conocidos. 

Aquí está la trovadora hablando con los visigodos a través del el teléfono del tiempo.

La Trovadora del Tiempo les contó a mis niños y niñas la historia de Isabel de Solís, también llamada Zoraida. Esta historia siempre me has fascinado: una joven noble cristiana capturada por el ejercito de Muley Hacén, penúltimo sultán del Reino Nazarí de Granada, que se convierte al Islam para casarse con el sultán y convertirse así en sultana.

Una vez que escucharon con atención la vida de Zoraida (nombre que adoptó al convertirse al Islam), mis niños escribieron una carta poniéndose en su piel y dirigida a su padre que aún vivía. Esta fue la única licencia literaria que me permití, ya que el padre de Zoraida murió el mismo día de su rapto a manos de los hombres de Muley Hacén. 

¿Qué sintió Isabel de Solís cuándo se vio encerrada en la Torre de la Cautiva? ¿Qué emociones le provocó los palacios y jardines de la Alhambra? ¿Y el propio sultán? Estas y otras cuestiones fueron las que describieron mis niños en su carta. Una misiva llena de amor de una hija hacia su padre al que no volverá a ver.

Leed, si podéis algunas de ellas. Me siento muy orgullosa, chicos, del trabajo que habéis realizado.