


Técnicas y estrategias para la animación a la escritura y lectura
Esta semana mis niños y niñas se han
convertido en auténticos titiriteros y narradores.
El reto era sencillo… o quizá no tanto: dar
vida a una marioneta y contar su historia desde dentro, como si cada una
de ellas pudiera hablar, sentir y moverse con hilos invisibles hechos solo de
imaginación.
Y el resultado ha sido fantástico. Hemos
tenido marionetas de trapo, de cartón, de pompones, de fieltro… e incluso
marionetas venidas de otros universos, como Pizzolandia. Algunas viven en
teatros mágicos, otras en estanterías azules acompañadas de cerditos, otras
recorren circos en busca de fama, y algunas más viajan por el mundo como
verdaderas aventureras.
Cada historia viene acompañada de
dibujos, manualidades y personajes maravillosos como pulpos fucsias con
tentáculos dorados, perros hechos con rollos de papel, bailarinas que no dejan
de girar, dragones que necesitan dos manos para sostenerlos y muñecos de nieve
que celebran la Navidad todo el año.
Gracias a estas marionetas, mis
chatis han jugado a ser inventores, artesanos, escritores, actores y soñadores…¡Todo
a la vez!
Este es el tipo de magia que pasa cuando
se mezcla imaginación, esfuerzo y alegría: los hilos desaparecen, y la creatividad empieza a moverse sola.
A mis chatis: gracias por poner tanta ilusión en cada hilo, cada dibujo y cada palabra. Estoy muy orgullosa de vosotros.


















Esta semana, mis niños y niñas se han sumergido en un viaje creativo lleno de
imaginación, puertas mágicas y vitrinas sorprendentes, ya que el título que les
propuse fue: “Hola,
soy un museo de…”.
A través de sus
palabras han cobrado vida museos tan originales como divertidos: museos de
chocolate irresistibles, museos llenos de alienígenas curiosos, museos
dedicados a deportes como el fútbol, el baloncesto o el golf… y otros
completamente sorprendentes.
Pero lo más especial ha sido descubrir que muchos de mis niños y niñas han creado museos sobre mí, sobre mis gustos, sobre lo que compartimos en clase, ¡e incluso museos de superhéroes construidos por mí, porque saben que me encantan. No hay mayor regalo para una maestra que verse reflejada en la imaginación de sus alumnos: es una muestra de cariño, complicidad y aprendizaje compartido.
A mis chatis, deciros que estoy muy orgullosa de
vosotros: ¡lo habéis hecho de maravilla y cada semana me sorprendéis más con vuestro
entusiasmo y vuestra creatividad!






















