¿Qué pasaría si una flor no oliera bien? ¿Y si,
además, esa flor tuviera sentimientos, miedos y una historia que contar? Con
estas preguntas comenzamos en clase una nueva propuesta de escritura creativa
que ha dado lugar a relatos tan originales como sorprendentes: “Érase una vez una flor muy pestilente”.
De la imaginación de mis niños y niñas, han
nacido flores únicas, valientes y muy especiales: flores que se sienten
diferentes, que viven en selvas lejanas, en campos, en macetas o junto a árboles
que las protegen; flores que sufren el rechazo, que aprenden a aceptarse, que
descubren que la diferencia también es una fortaleza y que, en muchos casos,
terminan transformando su historia.
Cada redacción es
un pequeño mundo. En ellas aparecen emociones profundas, reflexiones sobre la
autoestima, la amistad, la soledad o el orgullo de ser uno mismo, todo contado
con la frescura, la sinceridad y la creatividad propias de su edad.
Y, como siempre, la creatividad no se ha quedado
solo en las palabras. Los textos han venido acompañados de dibujos,
manualidades y pequeñas obras de arte hechas con cartón, papel, colores,
abalorios y muchísima imaginación. Cada flor da forma visual a la historia que
han escrito, enriqueciendo aún más el resultado final y demostrando que la
expresión artística tiene muchas voces.
Os invito a leer las
historias de mis “chatis” y a disfrutar de los dibujos y manualidades que las
acompañan. Detrás de cada trabajo hay esfuerzo, ilusión, tiempo y muchas ganas
de hacerlo bien.
A mis “chatis”,
gracias por sorprenderme una vez más y por demostrar que escribir también es
una forma preciosa de crecer y de conocerse mejor. Estoy muy orgullosa de
vosotros y vosotras. Y a las familias, gracias por vuestro apoyo constante y
por valorar cada pequeño gran paso en este camino.
Desde La
sonrisa de las letras, seguimos cultivando historias, creatividad y
sonrisas… aunque, esta vez, algunas huelan un poquito mal.
































