Las últimas
semanas de diciembre siempre llegan al aula cargadas de nervios, de ilusión y
de ganas de celebrar que las vacaciones están a la vuelta de la esquina. En ese
ambiente tan especial propuse a mis niños y niñas un nuevo título muy acorde
con estas fechas: “Hola, soy una galleta de jengibre”.
A partir de
ese sencillo comienzo, la imaginación se puso en marcha. Han nacido galletas
con nombre propio, con sueños, miedos y deseos; galletas que viven en
pastelerías mágicas, que esperan ser comidas con ilusión, que tienen amigos,
que sueñan con hadas, con paraísos lejanos o simplemente con ser felices. Cada
redacción es diferente, porque cada uno de mis niñas y niños ha sabido imprimir
su personalidad, su mirada y su forma tan especial de contar el mundo.
Pero la
creatividad no se ha quedado solo en el papel. Además de escribir, han
dibujado, recortado, pintado y construido sus propias galletas de jengibre
utilizando distintos materiales. Cada dibujo y cada manualidad acompaña al
texto y lo enriquece, demostrando que la imaginación también se expresa con las
manos, con los colores y con mucho mimo.
Os invito a
leer sus redacciones y a disfrutar de todas estas pequeñas obras de arte que
las acompañan. Detrás de cada historia hay esfuerzo, dedicación e ilusión, y
eso se nota en cada palabra y en cada detalle.
A mis
“chatis”, solo puedo decirles que estoy muy orgullosa de ellos y ellas, de su
trabajo, de su creatividad y de las ganas que ponen cada semana en nuestras
propuestas de escritura. Y a las familias, gracias por estar siempre ahí,
acompañando y apoyando este camino.
Desde La sonrisa de las letras os deseo un feliz año nuevo, lleno de historias compartidas, de creatividad, de aprendizajes y de muchas sonrisas.





























