


Técnicas y estrategias para la animación a la escritura y lectura
Hay días en los que la imaginación decide hacer
una visita inesperada. Esta semana no entró por la puerta principal ni pidió
permiso en conserjería: llegó volando.
Y no era un pájaro, ni un avión… era un elefante.
Este fue el título
que propuse a mis niños y niñas: El día que un elefante volador entró en mi
colegio. A partir de ahí, mis “chatis” abrieron la ventana de su cabeza y
dejaron pasar lo que quisiera: elefantes bebés con alas, elefantes que
hablaban, que escribían en la pizarra, que venían de la sabana, de Hogwarts o
del baño del cole, que tenían nombres imposibles, familias sorprendentes y
sueños muy claros.
Algunos elefantes
aterrizaron en el techo, otros rompieron ventanas, otros se colaron en clase de
Educación Física o se quedaron a vivir con nosotros. Hubo elefantes mágicos,
tranquilos, asustados, juguetones, viajeros… y todos, absolutamente todos,
tenían algo en común: habían nacido de la
imaginación libre de quien escribe sin miedo.
Junto a las palabras
llegaron los dibujos y las manualidades. Trompas largas, orejas enormes, alas
de colores, globos, gorros mágicos y hasta elefantes que vuelan sujetando
sueños.
Aquí os dejo una
pequeña muestra de este viaje creativo. No es solo una colección de redacciones;
es la prueba de que cuando se les da un título y confianza, los niños y niñas son capaces de crear mundos enteros.
Gracias, elefantes voladores, por entrar en nuestro colegio y por recordarnos que la imaginación siempre encuentra la forma de despegar.



Esta semana hemos viajado muy lejos, tan lejos que hemos llegado a un lugar muy peculiar: un país llamado Rápidamente. Un país donde todo ocurre deprisa, donde la gente camina casi volando, las ideas corren más que los relojes y el tiempo parece tener alas.
A partir de este título, mis niños y niñas de quinto de primaria han dejado volar su imaginación para crear historias sorprendentes, divertidas y, a veces, muy profundas. Han inventado países con normas imposibles, ciudades donde nadie se detiene a escuchar, personajes que viven siempre con prisa y otros que se atreven a parar para descubrir lo que realmente importa.
Como siempre, las historias han venido acompañadas de dibujos y creaciones llenas de imaginación y mucho cuidado. Aparecen mapas del país de Rápidamente, relojes que marcan el ritmo del tiempo, paisajes que cambian, planetas en movimiento, caminos, símbolos y personajes que parecen no detenerse nunca. Cada dibujo amplía la historia escrita y nos invita a entrar en ese mundo inventado, donde las imágenes cuentan tanto como las palabras.
Gracias, “chatis”, por enseñarme que incluso en un país llamado Rápidamente merece la pena parar y disfrutar de vuestras historias

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