La Sonrisa de las Letras nace del trabajo diario en el aula y del convencimiento de que todos los niños tienen algo que contar. Aquí comparto propuestas didácticas para enseñar Lengua desde la creatividad, la emoción y la comunicación real. Es un espacio donde los alumnos escriben, leen, crean, imaginan y descubren que sus palabras tienen valor. Porque escribir es una forma de pensar, crear, comprender el mundo... y también de comprenderse a uno mismo. Espero que disfrutéis de este proyecto tanto como nosotros disfrutamos construyéndolo.

domingo, 4 de octubre de 2026

Hola, soy un reloj

Primeras redacciones de sexto. Primera parada de un curso que no ha hecho más que empezar.

Mis “chatis” del curso pasado ya están en sexto y, cómo no, ya han empezado a llenar sus primeras páginas de historias, creatividad y mucha imaginación.

Para esta primera redacción del curso les propuse un comienzo muy sencillo:“Hola, soy un reloj”. A partir de ahí, imaginación al poder. Han aparecido relojes de cuco que observan la vida desde una residencia de abuelitos, relojes que guardan recuerdos, otros capaces de detener o hacer retroceder el tiempo, relojes de pulsera con secretos, viajes inesperados, aventuras, dueños bastante peculiares… y hasta algún guiño cinematográfico que me ha hecho sonreír mucho mientras corregía.

Porque ese era precisamente el reto: no contarme cómo es un reloj, sino convertirse en él. Imaginar qué ve, qué piensa, qué siente, qué le gusta, qué le molesta y qué historias podría contar después de pasarse la vida midiendo el tiempo de los demás.

Mis “chatis” son los mismos niños y niñas que dejé en junio, sí, pero un poquito más mayores, con nuevas historias en la cabeza y muchas páginas todavía por escribir.

Os comparto algunas de estas primeras historias, de sus dibujos y presentaciones. 











































viernes, 5 de junio de 2026

El juicio al Lobo Feroz: cuando los cuentos se convierten en un tribunal

Hay actividades que funcionan bien y hay actividades que se convierten en una experiencia inolvidable. El Juicio al Lobo Feroz ha sido, sin duda, una de esas experiencias que permanecen en la memoria del alumnado mucho después de que termine la sesión.

Durante varios días transformamos el aula en un auténtico tribunal. Los personajes de los cuentos abandonaron las páginas de los libros para sentarse en el estrado y responder a una gran pregunta:

¿Es realmente culpable el Lobo Feroz de utilizar el engaño, la intimidación y la violencia para perjudicar a los personajes de los cuentos?

Un juicio de verdad

Para que la experiencia resultara lo más auténtica posible, preparé diferentes roles y documentos específicos para cada participante.

Además, llevé al aula tres togas —una para la fiscalía, otra para la defensa y otra para el juez— y un mazo judicial. Yo también me vestí para la ocasión con toga y peluca de juez. Desde el primer momento, el alumnado se tomó su papel muy en serio y la atmósfera del aula cambió por completo.

Los documentos del caso

Cada grupo recibió materiales diferentes según su función dentro del juicio.

👨‍⚖️ El juez

El juez fue el encargado de dirigir el juicio, dar los turnos de palabra, garantizar el respeto entre las partes y, finalmente, emitir un veredicto.

Para ello contó con un Cuaderno del Juez, donde debía analizar las pruebas, valorar los testimonios y justificar su decisión final.

⚖️ La fiscalía

La fiscalía tenía una misión clara: demostrar que el lobo había actuado de forma culpable.

Para ello disponía de una ficha de trabajo en la que debía:

  • Analizar las pruebas.
  • Preparar preguntas para los testigos.
  • Organizar los argumentos de la acusación.
  • Anticipar posibles respuestas de la defensa.

🛡️ La defensa

La defensa debía intentar demostrar que la historia no era tan sencilla como parecía.

Y aquí surgió una de las grandes sorpresas de la actividad. Los alumnos decidieron elaborar incluso pruebas científicas para intentar exculpar al lobo. Crearon informes y documentos que pretendían demostrar que algunas de las versiones tradicionales de los cuentos podían no ser del todo fiables.

Su implicación fue extraordinaria y demostraron una gran capacidad para argumentar y buscar explicaciones alternativas.

🐐🐷👵 Los testigos

Los personajes de los cuentos se convirtieron en testigos oficiales.

Cada uno recibió una ficha específica donde debía:

  • Presentarse.
  • Explicar los hechos desde su punto de vista.
  • Describir las acciones del lobo.
  • Explicar cómo se sintió.
  • Aportar pruebas.
  • Anticipar lo que podría argumentar la otra parte.
  • Preparar el interrogatorio y el contrainterrogatorio.

Así, personajes como Caperucita, la abuelita, las cabritillas o los cerditos tuvieron voz propia dentro del proceso judicial.

👥 El jurado

El jurado fue el gran responsable de analizar toda la información presentada durante el juicio.

Su ficha les permitía:

  • Valorar la calidad de las pruebas.
  • Analizar la credibilidad de los testigos.
  • Observar el comportamiento del lobo.
  • Evaluar los argumentos de fiscalía y defensa.
  • Reflexionar antes de emitir un veredicto.

Su papel fue fundamental porque debían escuchar atentamente durante toda la sesión para poder tomar una decisión fundamentada.

Las fichas policiales de los cuentos

Uno de los documentos que más llamó la atención del alumnado fueron las fichas policiales.

Cada cuento disponía de su propio expediente donde aparecían:

  • Los hechos investigados.
  • Los personajes implicados.
  • Las posibles pruebas.
  • Los testimonios relevantes.
  • La relación de los acontecimientos con el Lobo Feroz.

Estos documentos sirvieron como punto de partida para la investigación y ayudaron a que los alumnos se sintieran auténticos detectives literarios.

Un momento inesperado: la carta del lobo

Cuando parecía que el caso estaba prácticamente decidido, apareció una nueva prueba. El propio lobo escribió una carta dirigida al juez.

En ella reconocía parte de sus errores, explicaba que muchas de sus acciones habían estado motivadas por el hambre y mostraba arrepentimiento por el daño causado.

El veredicto

Después de escuchar a la fiscalía, a la defensa, a los testigos y de analizar todas las pruebas, llegó el momento más esperado.

El jurado deliberó. Y el resultado fue tan interesante como maduro. El lobo fue declarado: culpable con matices. No fue considerado completamente inocente, pero tampoco un villano absoluto.

Los alumnos reconocieron que había utilizado el engaño y que había causado daño a otros personajes. Sin embargo, también valoraron las explicaciones aportadas por la defensa, las pruebas científicas presentadas y el arrepentimiento mostrado en la carta final.

Mucho más que un juicio

Más allá de la actividad en sí, este proyecto permitió trabajar competencias muy diversas:

  • Comprensión lectora.
  • Expresión oral.
  • Escritura argumentativa.
  • Pensamiento crítico.
  • Escucha activa.
  • Educación en valores.
  • Resolución de conflictos.
  • Capacidad para defender opiniones con pruebas.

Y, sobre todo, permitió descubrir que las historias pueden analizarse desde diferentes perspectivas y que la justicia exige escuchar todas las voces antes de tomar una decisión.

Porque, al final, quizá la pregunta más importante no era si el lobo era culpable o inocente.

Cuando comenzamos el juicio, muchos alumnos tenían clara su respuesta. Sin embargo, a medida que escucharon testimonios, analizaron pruebas y conocieron nuevos argumentos, entendieron que las decisiones más justas son también las más reflexivas.

La verdadera pregunta era: ¿Somos capaces de cambiar de opinión cuando escuchamos nuevas pruebas?

Y mis alumnos demostraron que sí. Y ese, probablemente, fue el mejor aprendizaje de todo el juicio.
































jueves, 4 de junio de 2026

Bienvenidos a la Calle Érase una vez, nº 1

Este curso, mis alumnos y alumnas de quinto se han convertido en presentadores, mediadores y personajes de cuentos clásicos para dar vida a dos podcasts muy especiales: Menudo cuento de vecinos y Entre cuentos y vecinos.

La acción transcurre en la Calle Érase una vez, nº 1, una comunidad muy peculiar donde conviven princesas, hadas, animales parlantes y otros personajes de cuento. Pero, como ocurre en cualquier comunidad, los problemas de convivencia no tardan en aparecer.

A través de estos podcasts, mis “chatis” han aprendido a expresar emociones, defender sus opiniones, escuchar a los demás y buscar soluciones dialogadas a los conflictos. Además, han trabajado la oralidad, la creatividad y la educación emocional de una forma motivadora y muy divertida. 

Cada alumno alumna desempeña un papel activo como receptor crítico ya que antes de las grabaciones han visto la puesta en escena de cada equipo y han aportado sus ideas. Para eso, les di esta ficha: 

El resultado son unos podcasts llenos de imaginación, humor y aprendizaje que demuestran que, incluso en los cuentos, convivir no siempre es fácil.

Os invito a visitar la Calle Érase una vez, nº 1 y a conocer a sus peculiares vecinos.

🎙️ Escucha aquí nuestros podcasts:

5º A: "Entre cuentos y vecinos"

Episodio 1                                                                    Episodio2

      


Episodio 3                                                                        Episodio 4
        

5º B: "Menudo cuento de vecinos"

Episodio 1                                                                    Episodio2

          

Episodio 3                                                                     Episodio 4 
       

     

Las cartas que Carlos II nunca se atrevió a escribir

Hace unos días, La Trovadora del Tiempo volvió a visitar nuestra aula. Y, como siempre ocurre cuando ella llega, la historia dejó de ser una colección de fechas y nombres para convertirse en una historia llena de personas, emociones y preguntas.

En esta ocasión nos acercó a la figura de Carlos II. Un rey al que la historia ha recordado por sus enfermedades y por un sobrenombre que durante mucho tiempo pareció definir toda su vida. Sin embargo, cuanto más conocíamos su historia, más difícil resultaba verlo únicamente como un rey. Detrás de la corona descubrimos a un niño que nunca eligió gobernar, que convivió con numerosos problemas de salud y que tuvo que soportar responsabilidades y expectativas desde muy pequeño.

Por eso propuse a mis chatis un reto muy especial: escribir una carta secreta como si fueran Carlos II. Pero había una condición. Todas debían comenzar exactamente igual: "No, yo no quiero ser rey."

Para escribir esa renuncia tuvieron que ponerse en su lugar, imaginar cómo podía sentirse alguien que había pasado toda su vida enfermo, observado y juzgado por los demás. Tuvieron que pensar qué echaría de menos, qué soñaría y qué vida habría elegido si hubiera podido decidir por sí mismo.

Las cartas se llenaron de soledad, cansancio, incomprensión y deseos sencillos como la amistad, la libertad o la necesidad de sentirse escuchado. Porque, durante un rato, dejaron de escribir sobre Carlos II para intentar comprender a Carlos.

Y quizá ahí estuvo el verdadero aprendizaje. Porque no escribieron sobre Carlos II. Escucharon a Carlos.