domingo, 15 de febrero de 2026

Cuéntame una fábula

Esta semana entraron en clase lobos burlones, ratones valientes, jirafas despistadas, hormigas sabias, dragones vanidosos, caballos ingeniosos, tiburones confiados y hasta pequeños hámsters un poco egoístas. La propuesta era clara: escribir una fábula.

Antes de lanzarnos a inventar, expliqué a mis niños y niñas qué es una fábula, sus características y les di una serie de indicaciones para que crearan ellos y ellas la suya. Surgieron así historias donde no hay que subestimar a quien parece pequeño, donde la inteligencia vence a la arrogancia, donde reírse de los demás tiene consecuencias, donde la amistad protege, donde los consejos sabios merecen ser escuchados o donde aprender a ser generoso cambia el final del cuento, entre otras muchas moralejas.

Cada fábula tiene su voz, su ritmo, su enseñanza. No son solo historias de animales; son pequeños espejos donde asoman valores enormes. Cuando un niño o una niña es capaz de inventar una moraleja, está dando un paso gigante en su forma de mirar la vida.

Gracias, mis “chatis”, por atreveros a pensar, a imaginar y a sacar conclusiones propias. Cada fábula que escribís demuestra que no solo sabéis inventar personajes, sino también reflexionar, cuestionar y crecer. Seguid así.