Esta semana he vuelto a proponer a mis niños y niñas un reto que combina imaginación, escritura y mucho sentido del humor: trasladar a los personajes de los cuentos clásicos al mundo laboral actual. Se trata de una actividad que ya realicé hace unos años y que he querido recuperar, convencida de su valor educativo y de lo motivadora que resulta para el alumnado. La consigna era clara: elegir un personaje conocido y ayudarle a cumplir su sueño profesional redactando su propio currículum.
En esta ocasión, los protagonistas han sido Ricitos de Oro, que se ha reinventado como asesora de imagen o peluquera; Caperucita Roja, ahora repartidora incansable; Hansel, convertido en repostero y pastelero de primera; y Bella, que ha encontrado su lugar ideal entre libros como bibliotecaria.
A través de esta actividad, mis “chatis” no solo
han trabajado la expresión escrita y la estructura del currículum como texto
funcional, sino también la organización de la información, la selección de
datos relevantes y la adaptación del lenguaje a un contexto concreto. Además,
han puesto en marcha su creatividad al reinterpretar a los personajes,
relacionar sus cualidades con un oficio y tomar decisiones coherentes… siempre
con un toque de humor.
El resultado ha
sido una colección de textos llenos de ingenio, ideas bien pensadas y guiños
divertidos a los cuentos que todos conocemos. Una muestra más de que los
cuentos clásicos siguen muy vivos en el aula y de que pueden ser un punto de
partida fantástico para aprender lengua de una forma significativa y
motivadora.
Os invito a leer los currículums creados por mis “chatis”. Estoy segura de que más de uno os sacará una sonrisa.
¡Bravo, chatis!





